Personal INVASOR de ASOCAB esta talando varios arboles en el lote Toronto de la finca las pavas. Se dice que esta madera sería para la construcción de varios cambuches y una enramada principal para el recibimiento de otras personas (mineros ilegales) que van a llegar este fin de semana a solidarizarse con estos invasores. Dichos mineros en este momento están concentrados en la ciudad de Aguachica.
jueves, 12 de septiembre de 2013
martes, 9 de julio de 2013
ZONAS DE RESERVA CAMPESINA SERÁN ENCLAVES DE CRIMINALIDAD: LAFAURIE
Por Ricardo Puentes Melo
Marzo 31 de 2013
Los colombianos seguidores de la política de la Seguridad Democrática empezaron a considerarlo como una opción vívida a raíz de su negativa a asistir al foro agrario convocado y organizado por el gobierno Santos y las FARC. Hasta entonces, sólo en muy pocos y especializados escenarios se sabía quién era y cómo pensaba.
No obstante, José Félix Lafaurie, conservador y alvarista por tradición y convicción, tiene una extensa y prestigiosa carrera en el sector público y privado que lo llevó a ocupar la presidencia de Fedegán desde donde ha librado batallas monumentales en favor del sector agropecuario del país; batallas que le han ganado peligrosas y poderosas enemistades y odios tanto en las filas terroristas como en sus acompañantes en la mesa de diálogo: el gobierno Santos.
Como guajiro, Lafaurie tiene profundas raíces que lo hacen parte privilegiada en caso de que la Costa Caribe se empeñe en colocar de nuevo un presidente costeño; como ganadero, tendría el respaldo del sector que probablemente ha sido con el que el terrorismo más se ha ensañado. Y ese podría ser también un factor de apoyo de los colombianos que sufren el mismo terror en los campos del país.
Es posible que muchas personas vean las convicciones de Uribe en las palabras de Lafaurie; y es posible que otros tantos quisieran verlo más cercano a las multitudes, más en ‘guayabera’ y menos en esos “cuello tortuga” que identifican a los cachacos. Pero lo cierto es que Lafaurie es una persona que, además de afable, sorprende por sus conocimientos profundos de la realidad colombiana y por su férrea convicción de que la única manera de salir del atolladero es retomar el rumbo que trazó el presidente Álvaro Uribe Vélez.
Ricardo Puentes Melo: Doctor Lafaurie lo hemos visto muy activo en reuniones, viajando por todo el país ¿Podríamos decir que usted ya es un candidato a la presidencia de la República?
José Félix Lafaurie: No. Yo estoy en este momento dando una lucha muy fuerte, debido a la difícil circunstancia que vive el sector ganadero colombiano, no sólo porque la economía ganadera está pasando por un mal momento sino porque todos estos temas de seguridad y este proceso que desafortunadamente abre el gobierno con las FARC terminó generando unas dinámicas no previstas y que en consecuencia están teniendo un impacto muy fuerte, sobre todo el sector rural, pero especialmente sobre el sector ganadero.
RPM: Hablando crudamente ¿cómo ha afectado positiva o negativamente este gobierno al sector agropecuario del país?
JFL: Negativamente. Por muchas razones; primero, porque yo creo que el gobierno o el propio ministro Restrepo concentró su actividad en una ley que ha sido como el eje del gobierno al menos en su primer etapa -que fue la ley de víctimas y restitución de tierras. Eso le ha demandado mucho tiempo, y entre tanto tenemos un país que está siguiendo una dinámica propia en acuerdos comerciales y demás. Todo eso ha generado varios impactos, casi todos negativos; algunos por la misma negociación con las FARC, y otros derivados de la revaluación del peso, que ha conllevado a que buena parte de los sectores agropecuarios se hayan sentido sin norte, sin un buen diseño de política, sin unos apoyos que se requieren y sin unos instrumentos necesarios para tratar de darle un poco más de sustento al sector.
Yo tengo la impresión, Ricardo, que este es un país con un claro sesgo anti rural. Éste es un país que no entiende la ruralidad, que no entiende los inmensos desafíos que hay en el sector rural pero al mismo tiempo las inmensas oportunidades. En consecuencia, nuestro modelo de desarrollo término conspirando contra 12 ó 14 millones de colombianos que estamos en el sector rural sirviendo simplemente como moneda de intercambio en los acuerdos comerciales. El gobierno dice que no negocia el desarrollo económico ni negocia tampoco los postulados de una economía de mercado, sin embargo tira el hueso del sector rural con una actitud un tanto despreciativa hacia quienes vivimos y creemos que todavía es posible construir algún nivel de bienestar a partir del desarrollo rural. ¨Por consiguiente, es evidente que los impactos han sido muchísimo más negativos, casi que no hay ningún sector que hoy en día pueda estar en una situación es positiva y eso va a terminar generando un unos desajustes sociales y económicos muy profundos.
RPM: Sabemos que los terroristas publicitaron un encuentro en San Vicente del Caguán para reunirse a discutir sobre el tema de zonas de reserva campesina? ¿Qué le espera al país después de esos diálogos con el gobierno de Santos? ¿Las FARC seguirán decidiendo sobre el destino de Colombia?
JFL: Yo creo que el gobierno, cuando finalmente toma la iniciativa de desarrollar unos diálogos para ponerle fin -entre comillas- al conflicto, y cuando sostiene una serie de inamovibles con un argumento central, está diciendo que conversar no tiene un costo. Y ese es el primer error. Aquí ya hay un costo muy importante porque a un grupo de narcoterroristas se le dio legitimidad, se le permitió tener un trato de tú a tú con un gobierno que yo no dudo en calificar como un gobierno legítimo, a pesar de todas sus precariedades -como las tienen todas las democracias- pero que sin lugar a dudas es un gobierno altamente representativo de la sociedad colombiana y como tal no debió nunca haber decidido negociar el Estado de Derecho con unos criminales.
Yo soy de los que creen de manera absolutamente clara que uno no derrota el crimen negociando con él, uno lo derrota es fortaleciendo la democracia, las instituciones que lo acompañan y yo creo que al final, por fuerte que sean los núcleos criminales (lo fue el de Pablo Escobar y finalmente el Estado lo derrotó), el Estado debe imponerse frente a la criminalidad de cualquier actor criminal que pretenda desafiar a la sociedad. Me parece que el primer error de este gobierno fue haberle otorgado una legitimidad que los terroristas no tenían.
Ahora, hay otro elemento que vale la pena tenerlo en cuenta, Ricardo. Mire, yo creo que se están generando unas expectativas que no calzan con la realidad de los hechos, a propósito de la pregunta que usted me hace sobre la zona de reservas campesinas. Debido a que adopté la posición que todo el país conocen, me dicen guerrerista y me dicen que no quiero la paz…. ¡Por favor, soy quien más la sufre, quien más la quiere…! El problema es que la forma de alcanzarla no es esa. Yo a veces me pongo a pensar que cuando el gobierno dice que vale la pena hacer lo que sea para alcanzar la paz con las FARC, me parece que se está engañando al pueblo colombiano..
José Félix Lafaurie: “Nunca aprendí a ponerme rodilleras”
RPM ¿En qué sentido?
JFL: Hay engaño a la sociedad colombiana porque la verdad es que la paz no se alcanzará firmando el fin del conflicto. Lo que están firmando, o van a firmar, es supuestamente el fin del programa de criminalidad social de las FARC. Hoy en Colombia hay muchos más homicidios por otras circunstancias que por enfrentar a este grupo narcoterrorista; mientras que este grupo narcoterrorista generó el año pasado 384 muertes de uniformados y otro tanto de efectivos de ellos, hay 14.000 homicidios en Colombia derivados de otros tipos de dinámicas criminales. Por consiguiente, qué le va a pasar a la sociedad colombiana seis meses después de haber firmado ese papel, cuando las dinámicas de criminalidad se mantengan o se hayan incrementado. Esa promesa de paz va a quedar prácticamente fracturada y el ciudadano del común va a preguntarse si valieron la pena las concesiones que eventualmente se harán.
RPM: ¿Y qué nos puede decir del tema de Zonas de Reserva Campesina?
JFL: Ese tema será el núcleo duro de la administración agraria. Nadie se opone a que el Estado constituya un fondo de tierras con las tierras despojadas, con las baldías, pero no estoy tan seguro que lo puedan constituir tan fácilmente con las tierras improductivas. El Estado, calculó yo, tendría la capacidad para disponer de dos o tres millones de hectáreas (entre tierras despojadas y las tierras fiscales), para entregárselas a los campesinos. Nadie se puede oponer a que, desde un punto de vista de responsabilidad social, un campesino que necesita tener un pedazo de tierra, pueda obtenerla. Pero eso no tiene nada que ver con las pretensiones que hay en otros escenarios, por ejemplo, el caso de las Zonas de Reserva Campesina. Colombia no puede darse el lujo de desmembrar su territorio, como lo quieren las FARC, y otorgar nueve millones de hectáreas de una zona de reservas campesinas donde todos los instrumentos de autogobierno, incluso la propia justicia, pasa a manos de aquellos que están al frente de estas circunscripciones territoriales. Yo no creo que Colombia pueda ceder la soberanía judicial a estas zonas de reserva (como se ha hecho en esos “territorios de paz” del Urabá) donde la fuerza pública no pueda hacer presencia activa. Eso ya sería como ya lo he manifestado, una especie de ‘republiquetas’ independientes, unas ‘Marquetalias’, unos para-estados que yo no creo que le convengan a la sociedad colombiana y mucho menos al sector rural, ya que terminarán siendo enclaves tanto de adoctrinamiento político, como de criminalidad asociada; serán corredores estratégicos para poder mantener una cantidad de actividades entre otras cosas como el narcotráfico.
En días pasados, en un debate al que asistí en RCN, el propio presidente decía que en las zonas de reserva se darían las reglas internas y
El Dr. José Félix Lafaurie en el homenaje que el Centro de Pensamiento Primero Colombia organizó al Dr, Fernando Londoño en el Nogal
que, por ejemplo, se podrían hacer un par de reglas que dijeran que se podía sembrar hasta tres hectáreas de cultivos ilícitos. Entonces yo me pregunto: “!Bueno, yo entiendo que uno no puede cultivar en Colombia ni una hectárea, ni media, ni diez, ni quince…!”. Pero al presidente le parece bien que en una zona de reserva campesina se decida, independientemente de la Constitución y la Ley, que ellos transgredan la ley. No entiendo por qué debe aplaudirse eso. Pero hay más, el presidente decía con toda tranquilidad que las actuales zonas de reservas, es decir, las que están regidas por la ley 160, no por la pretensión que ellos quisieran, hay presencia activa de las FARC y del Ejército de Liberación Nacional. Es decir, hay unos elementos perturbadores del orden sin que realmente la presencia del Estado, a través de la justicia y a través de la fuerza pública eventualmente puedan entrar a ponerle orden a los hechos que están sucediendo internamente.
RPM: Doctor Lafaurie usted hablaba de una hostilidad hacia el sector agrario ¿Cómo puede uno explicarse que una persona como el ministro de agricultura, el doctor Juan Camilo Restrepo, que podría decirse que es ganadero porque tiene grandes extensiones de tierras con ganado lechero, como es posible –repito- que él prácticamente se esté clavando el puñal al destrozar su propio sector?
JFL: Cuando el ministro Restrepo estaba en la oposición al gobierno del presidente Uribe, justamente por su condición de ganadero lechero de la sabana, yo impugné durísimamente el cierre de ese acuerdo donde los negociadores del ministerio de comercio engañaron, no a los dirigentes gremiales, sino al propio ministerio de agricultura, y que eso fue lo que obligó a que Uribe reabriera la negociación con José María Barroso, presidente de la Unión Europea, y se hicieran concesiones. Yo me entrevisté con el Dr. Juan Camilo Restrepo y ambos estuvimos muy de acuerdo en que no tenía sentido haber escogido al sector lechero como moneda de intercambio, por las distorsiones que este sector tenía en la Comunidad Económica Europea: Sin embargo, ahora, él se encuentra en el otro lado, y eso es lo que a veces uno termina por no entender. Yo creo que uno en la vida debe tener convicciones muy claras, porque aquí usted no puede sentarse en cualquier lugar de la mesa dejando de lado unas convicciones profundas. Restrepo sabe que aquí habrá un impacto terrible donde más de trecientos mil pequeñísimos ganaderos van a ir a la quiebra; es un desajuste social, económico y de seguridad, muy grave para el país rural. Sin embargo usted ha visto muchas veces al ministro Restrepo en una actitud un tanto agresiva contra aquellos que hemos pretendido decir las cosas como son. Yo tengo una dificultad en la vida que es que no puedo tratar las cosas sino de manera muy franca y directa, es decir, quizás el único puesto que nunca hubiera podido jugar en un partido de futbol es el del arquero porque nunca aprendí a ponerme rodilleras.
Pero qué dificultad cuando uno tiene que decir las cosas, incluso con respeto, porque aquí no se trata de decir los temas de manera altisonante, no. Aquí la obsecuencia, aquí es la discriminación, aquí es la acción retardatoria… Yo me moriré con mis propias verdades y mis propias convicciones, por consiguiente veo que el ministro está jugando un rol mucho más del campo político que del campo del productor, y esperó que esta cosa no termine de mala manera para todos los sectores rurales como ee efecto ya se está observando esa sintomatología.
RPM: No entendí muy bien, ¿Usted quiso decir que el ministro Restrepo, por tener más grandes extensiones de tierra y ganado, no se vería afectado con este proceso sino que quienes realmente a sufrir son los pequeños ganaderos?
JFL: Dos cosas; en primer lugar los que más se van a afectar son los más pequeños. Nosotros tenemos quinientos mil ganaderos, de los cuales doscientos cuarenta y cuatro mil son muy pequeños, con menos de diez cabezas; cuatrocientos tres mil tienen menos de cincuenta, eso es una muy pequeña, casi que una ganadería indigente. La pequeña ganadería no tiene capacidad para poder aguantar el choque. Entre más tamaño se tiene hay más formas de defenderse y se tiene una capacidad superior que aquel que además de pequeño productor, es analfabeta. El problema con el tema de la leche es que aquí habrá un problema social de una dimensión que el gobierno todavía no ha evaluado. Eso por un lado, pero por el otro lado le decía que si yo estuviera en los zapatos del ministro jugaría más con la convicción de estos hechos y no simplemente con la camiseta política. A veces cuando se juega en el ámbito de la política uno termina jugando con más interesados en la política que con los intereses reales de los sectores sobre los cuales uno tiene incidencia. Y eso es tan cierto que aquí estamos viendo eso hechos.
RPM: Usted tiene una larga tradición política, acompañó muchos años a Álvaro Gómez Hurtado y estuvo cerca de Álvaro Uribe Vélez. En el eventual caso de que se lo soliciten, de que lo llamen a ser candidato presidencial ¿Aceptaría?
JFL: Yo creo que uno tiene que dedicarse a las cosas con responsabilidad y con un inmenso compromiso, con pasión en lo que hace. Estoy muy metido en el tema y sé que la política no es una sucesión de hechos; los hechos muchas veces te empujan incluso a escenarios que probablemente tú no tienes previstos. Por consiguiente, uno nunca puede decir ‘de esta agua no beberé’. Creo que la defensa de los intereses del sector ganadero eventualmente puede terminar siendo una razón justificativa, pero por lo pronto voy a seguir haciéndolo con igual convicción.
LAS FARC, EL CATATUMBO Y EL FUTURO NARCOESTADO
Por Eduardo Mackenzie
6 de julio de 2013
¿Cuántos César Jerez más están preparando las Farc para echarle mano, una mano de hierro, despiadada, a las zonas de “reserva campesina” que existen hoy en Colombia y a las que serán creadas cuando el Gobierno de Juan Manuel Santos concluya su negociado con la banda criminal en La Habana?
Pues lo que acaba de descubrir el país, gracias a los servicios del ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, quien en buena hora dio esa información a la prensa, es que la supuesta revuelta “campesina” del Catatumbo, que ya lleva más de veinte días con dos muertos y varios heridos, voladura de oleoductos y todo, no es más que una farsa en la que los campesinos son obligados a amotinarse bajo amenazas y que ese operativo fariano está siendo dirigido por un aventurero formado en la URSS por cuenta del Partido Comunista Colombiano y orientado por los tres fallecidos jefes terrorista “Raúl Reyes”, “Mono Jojoy” y “Alfonso Cano”, según los computadores de éstos.
El pedigrí del señor César Jerez, líder visible de la violenta asonada en Catatumbo, no puede ser más completo. Oigamos lo que cuenta el diario bogotano El Tiempo: “César Jerez, no es propiamente un labriego. Es un geólogo [formado en] la Academia Estatal Azerbaijana de Petróleos (antigua Unión Soviética), con maestría en geología industrial de petróleo y gas. Jerez, quien además ha sido profesor y traductor de ruso, tiene estudios de gestión y planificación del desarrollo urbano y regional. Tampoco es del Catatumbo.”
El diario bogotano sugiere que César Jerez es, sobre todo, un hábil agitador y propagandista que nutre con escritos tres portales de las Farc: “Una buena parte de sus artículos son retomados por portales como Anncol, Resistencia y Café Stéreo [una radio fariana instalada en Estocolmo]”. Y agrega: “Durante el segundo mandato del presidente Álvaro Uribe (2006-2010) estuvo exiliado en España, aunque recorrió buena parte de Europa promoviendo el trabajo de organizaciones campesinas y denunciando persecución del Gobierno. También es señalado de mantener contacto con algunos exiliados de las Farc en el Viejo Continente.”
Ese individuo, Jerez, participó en los preparativos de la comedia “campesina” del Catatumbo pues llegó a esa zona cuando el paro estaba en gestación. Para justificar su presencia allí invocó ante la prensa un título que no se sabe si también es una mentira: que es “presidente de la zona de reserva del río Cimitarra, en Santander”. La prensa duda de esa calidad pues el hombre admitió que “no se dedica al campo” y que únicamente viene de una familia campesina del Valle del Cimitarra.
Jerez dijo algo que podría ser cierto: “Yo solo soy el líder visible de la protesta”. Lo que quiere decir que hay líderes ocultos que podrían ser, hasta que se demuestre lo contrario, los jefes de las Farc escondidos en Venezuela, pues el Catatumbo colinda con la frontera. Como fue tan lejos en esa frase, el extremista echó marcha atrás con esta otra: “Pero hay 200 líderes campesinos que la dirigen. Ellos seleccionaron a seis voceros, yo solo soy uno de ellos”. Empero, nada permite creerle que allí hay “200 líderes campesinos”. Si todos son como César Jerez…
César Jerez (a la izquierda) invitado por el cura Francisco de Roux a un foro sobre Zonas de Reserva campesina en la U. Javeriana (Foto Periodismo Sin Fronteras)
Lo que revela la asonada de Catatumbo es que existe una voluntad de las Farc de defender sus narco-finanzas y apoderarse de enormes zonas agrícolas y forestales, con su población, aún antes de que los “diálogos” en La Habana concluyan. Las Farc quieren ampliar las zonas de cultivo de cocaína y amapola. Lo que están pidiendo los amotinados es precisamente eso: que el Gobierno suspenda las erradicaciones de cultivos ilícitos y, por ende, ponga fin a las operaciones anti subversivas en esa región.
Ese escenario de las llamadas “zonas campesinas”, que tanto le interesa a Iván Márquez y a Timochenko, busca la balcanización de Colombia para llegar a transformarla en un narco Estado. Ellos quieren repetir el proceso de los años 60, pero con un agravante: el negocio trepidante de la droga. Esas zonas serán enclaves controlados por las Farc para incrementar sus narco cultivos, acumular fuerzas y retener a sus víctimas. Desde esas zonas vedadas al Estado lanzarán operativos para secuestrar, asesinar y cometer atentados en otras ciudades y regiones del país, como hacían Tirofijo y otros en la época de las 14 “república independientes”. Y crecerán como una metástasis cancerosa sobre toda la geografía del país. Si los dejamos obrar.
Ellos harán eso mientras los jefes de las Farc, y sus zombis en la justicia y en los media, piden, desde el Congreso y las universidades, la reducción de las fuerzas militares y de policía, el cambio de la doctrina militar, la abolición del fuero militar y cárcel para los miembros del alto mando, disfrazando esa acción destructiva como la “ampliación de la democracia” y los “pasos nuevos y definitivos hacia la paz”.
Lo de Catatumbo es un llamado de atención a todos, al país y sobre todo a los negociadores del Gobierno y al presidente Santos. Lo de Cuba no le está aportando nada a Colombia. Por el contrario. La onda desestabilizadora está en marcha. Muchos lo dicen y lo repiten ahora: esas negociaciones sirven para mejorar el posicionamiento de las Farc en su labor de destrucción de la democracia, de la economía y de las fuerzas de defensa de Colombia. Pero Santos sigue con su plan. Las Farc no quieren la paz. Ellas quieren la revolución, la instauración de una dictadura de partido único y de opresión generalizada. Eso es lo que está detrás de los contactos en La Habana, del pedido de una Constituyente y de la nueva alianza, recientemente revelada, entre las Farc y el Eln.
El presidente Juan Manuel Santos y los negociadores del Gobierno no pueden ignorar esto. Por eso la responsabilidad de todos ellos es plena y total frente a lo que está pasando.
La respuesta de César Jerez ante las acusaciones oficiales fue la habitual: “Todo es montaje, una cortina de humo”. Y como las Farc se declararon “víctimas”, Jerez agregó una gota de eso a su coctel: el es una “víctima del DAS”. Lo que se sabe acerca de César Jerez debe ser solo la punta del iceberg. Mucho sigue siendo obscuro, como el papel de desinformación que está jugando Telesur, la televisión chavista. Lo descubierto sobre Jerez confirma, en todo caso, que una vez más las Farc provocan conflictos para engañar y brutalizar al pueblo y arrinconar a los gobiernos timoratos.
Y lo han hecho siempre. Desde antes de que el PCC creara a las Farc, esa organización explotaba ya, sin vergüenza alguna, la llamada “movilización social” para avanzar sus planes egoístas. La sangrienta huelga de las bananeras, en 1928, fue instigada y dirigida por agentes colombianos y extranjeros de la Internacional Comunista. Los obreros de las plantaciones fueron víctimas de la violencia y de las provocaciones de esos agitadores, como lo son hoy los campesinos del Catatumbo. Pero Colombia sigue ciega, muda e impotente ante las lecciones del pasado.
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